Las cosas que aparecen
La pista se ha poblado al ruido de la orquesta….

-Si. Una mañana fría, triste, melancólica, para añorar esos tangos.- dijo Tito.

…de tu noche interminable.  


Saavedra: Del aparecido.

“Recién en el camarín estaba viendo tocar a estos chicos. Unos pibes… el mayor tendra 22/23 años.. eh.. andan de verdad. Pero qué lindo es que les guste el tango a esa edad y que lo interpreten. Porque no hay nada mas difícil que el tango. El tango bueno, porque hay tangos que.. que ni yo me acuerdo, jeje. ¿Te acordás del tigre Millán? Nunca fue correspondido, y al final lo traicionó. ¿Pero cómo te va a traicionar si nunca fuiste correspondido!!”

San Telmo: Cortada sin nominar.

A traición. Por encima del hombro.                       Acierta.

Absorta incauta estupefacta sonroja circunspecta.

Proxemicamente imposibles, mas aún con los pasos.

Resuellan.

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Construcción

“Sentose a descansar como si fuese un pájaro                                                    Y flotó en el aire cual si fuese un príncipe                                                           Y terminó en el suelo como un bulto alcóholico                                               Murió a contramano entorpeciendo el tránsito.”

Chico Buarque

Todos los malvones. El Malvón

Las menciones del Pelargonium hortorum, ¿Tiene olor a vida y gusto a muerte?. Dedicado a Tefa quien reflotara el misterio.

- El homónimo “Malvón” (Letra de Francisco García Jiménez y Música de Oscar Arona, compuesto en 1944).

- Más allá de mi rencor (Música de Lucio Demare y letra de Julián Centeya, compuesto en 1944):

“Yo te busco las manos en la frase de ese tango pintado de malvón.”

- Mi Luna (Letra: Lito Bayardo, Música: Carlos Olmedo, compuesto en 1962).

“Hoy canto para mi luna mi roja flor de malvón”

- Tinta Roja (Música: Sebastián Piana,  Letra: Cátulo Castillo, compuesto en 1941)

“Borbotón  de mi sangre infeliz que vertí en el malvón”

- Patio mío  (Música: Aníbal Troilo, Letra: Cátulo Castillo)

“Malevo que en la esquina malherido desangra entre ladrillos un malvón.”

- El cantor de Buenos Aires (Música: Juan Carlos Cobián, Letra: Enrique Cadícamo, compuesto en 1936):

“Nada duele tanto como ver desenrollar del carretel el hilo de la juventud. Adiós glicinas, emparrados y malvones. Todo, todo ya se fue…”

- Carmín (Mísica: Víctor Buchino, Letra: Marsilio Robles, compuesto en 1963):

“Después, tus veinte abriles noveleros se rindieron al son de un tango amargo, y en un carmín cortejo de malvones desangraba su pena el arrabal.”

- Mis amigos de ayer (Música:Francisco Lomuto, Letra: José María Contursi, compuesto en 1945):

“Me contemplan con asombro las estrellas y esta esquina con perfume de glicinas y colores de malvón…”

El azar tras el repique; el candombe de Omer.

Vista, la aporía de la palabra y

considerando:

Cierta lumbre sabática;

Me aboqué con nostalgias de Zamaro, a mi primer oficio, el de corrector.

Y sucede a veces cuando se evoca al pasado en cualquiera de sus formas, es decir, en la única posible: subversión, el hado -de fastuoso y caprichoso engranaje- inicia su danza.

En torbellino de tapas anaranjadas, rubores adolescentes y “chotos” por doquier, se apersonó mi antiguo compañero, también amigo. No, no el espectro, o sí, pero aquel que todavía conserva su doble en el mundo material (en el caso de que éste existiera).

Lo hizo de una manera muy emocional y rítmica (raro en él): mediante una Llamada, de la que evidencié mi devoción en otra oportunidad.

Sin más preámbulo:

Historia | El candombe del siglo XIX Por Omer Freixa

Ya sabemos que candombe hay, y mucho. También que distintas variantes conviven en nuestro país, que las llamadas son una expresión que cada año gana más popularidad y que el candombe siempre estuvo aquí, con mayor o menor visibilidad. En esta nota, una mirada a los comienzos del candombe porteño, aquel que fue practicado en el siglo XIX por diversos grupos de nuestra ciudad y que muestran un uso del candombe como instrumento de preservación de la identidad africana. La influencia de Rosas en este proceso.

Música, ritmo, compás. Conocido como “el tango de los negros”, el candombe protagoniza una historia que comenzó a escribirse hace tres siglos en el Río de la Plata y que aquí coronó su siglo de oro bajo el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Hacia 1840, los negros representaban el 40 por ciento de la población total en la ciudad de Buenos Aires. Poblaron, principalmente, los por entonces distritos parroquiales de San Telmo, Concepción, Santa Lucía y Monserrat, el famoso barrio del “Mondongo”, en alusión a las vísceras vacunas de las que se alimentaban estos humildes hombres y mujeres. En las barriadas del centro, de hecho, existía la expresión “barrios del tambor” para denominar a estas zonas. Los negros se unían de acuerdo a afinidades étnicas, en grupos de pertenencia denominados naciones. Tenían códigos y rituales establecidos.

De África el candombe llegó a Buenos Aires. Y en las naciones los negros lo practicaron. En épocas coloniales, los amos autorizaban a sus esclavos a danzar y cantar en ciertos momentos. Más tarde, los negros lo hicieron por su cuenta cuando les llegó progresivamente la libertad. Las naciones se agrupaban con algarabía. El acto era un verdadero rito litúrgico, consistía en una misa con canto, música al ritmo del tambor y más luces en cuanto los altares de los santos de los que los negros eran devotos estuvieran presentes. El más importante fue San Benito de Palermo o de Santos Lugares. Baltasar y Santa Bárbara también eran populares, la última invocada como protectora frente a las tormentas.

Las primeras apariciones documentales de las naciones de negros datan de la década de 1770 y, a pesar de numerosos decretos que prohibían su creación, crecieron y se multiplicaron por doquier. Las principales, Benguela, Congo, Lubolo, Angola y Cambundá, a partir de 1820 gozaron del favor oficial junto a otras menores. Tuvieron autarquía y garantizaron beneficios para sus miembros y protección social, así como espacio físico para efectuar los bailes. Para 1842, existían cerca de 40 agrupaciones y unos diez años más tarde su cantidad superó las 50.

El candombe en la época de Rosas

El candombe y el despliegue de las naciones tuvieron su luna de miel durante la gobernación de Don Juan Manuel de Rosas, sonando todos los domingos y en las ocasiones especiales autorizadas. Fueron dos décadas promisorias para aquellos de quienes el Restaurador de las Leyes supo granjearse su cariño y auténtico respeto. Rosas lo disfrutaba en carne viva, y sustituyó la típica procesión cívica de fechas patrias por desfiles de negros, motivo de escándalo para algunas mentalidades convencionales del momento.

El Restaurador se declaró, junto a su hija Manuelita, rey y reina de estas procesiones negras. El entusiasmo provocaba la disipación de las fronteras étnicas: Rosas era uno más entre los negros, en principio ataviado como su General. Aparecía y desaparecía con facilidad de entre la multitud danzante, para sumarse finalmente a ella y consumar los lazos de empatía que unían a ambos.

Con el tiempo y, principalmente, la desaparición política y física del principal benefactor de estos actos de júbilo, dichas prácticas fueron decayendo.

Sobre la danza

El candombe se bailaba en cuatro partes. Se necesitaban, en primer lugar, dos hileras de sexo opuesto bailando y meciéndose a ritmo lento. Se cruzaban y armaban una ronda todos los miembros, bailando de a una pareja por vez dentro del círculo. El tercer momento consistía en el círculo oscilando al ritmo del tambor y con hombres y mujeres yendo para adelante y atrás alternativamente. En la cuarta etapa de la coreografía, el tambor irrumpía en ritmo frenético, sumándose los demás músicos y ahí el baile se convertía en individual (cada uno siguiendo su propio ritmo y baile), rompiendo la ronda. Finalmente, transcurría media hora de baile desenfrenado hasta el agotamiento en donde, con un golpe de tambor seco, se anunciaba el fin abrupto del toque y los bailarines se detenían en el acto.

Dichos bailes continuaron en las décadas de 1850 y 1860, pero en forma decreciente ya que los jóvenes negros buscaron integrarse a la sociedad blanca y adoptaron sus tipos de baile. De tal forma, fue silenciándose el candombe y en 1905 una publicación dio cuenta del buen gusto de los afroporteños en sus salones aristocráticos, en donde no se escuchaba más alocado candombe sino danza moderna con traje estilo Luis XV. Ese estilo renegado por sus propios creadores fue el aliciente para el tango, milonga mediante. Por eso el candombe fue identificado como el “tango de los negros”.

Para principios del siglo XX, las naciones estaban prácticamente extintas. En 1902 se le hizo un reportaje a los dos últimos sobrevivientes de la nación Benguela. Las naciones desaparecieron. No obstante, el candombe continuó. En realidad, cada nación tenía su danza típica, pero con el correr del tiempo las diferencias nacionales fueron desvaneciéndose y así se produjo un estilo combinado, el candombe, que tomaba diferentes estilos de danza africana.

Hoy en día, al ritmo de las llamadas de tambores se recrea el espíritu africano en nuestra ciudad y de tal modo la memoria del candombe perdura en uno de los barrios porteños donde tuvo su origen, San Telmo, así como en la vecina Montevideo.

Publicado en http://www.revistaquilombo.com.ar/revistas/57/q57.htm

(Omer es Profesor de historia UBA, Facultad de Filosofía y Letras 2005. Licenciado por la misma casa de estudios, 2009. Africanista e interesado en los conflictos mundiales contemporáneos.)

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El aire de la calle

“Yo nunca lloro porque vivo en carnavales, me saco la careta y me lanzo a la calle”.

Er Migue para Melchor (un vagabundo de Xerez). Luego desaparecería a los 21 años, presa de la Bohemia.

Bajo el sicomoro (sin mantel)

Cambridge, 27/08/99, tarde primaveral.

Aquí: la ronda y los bríos. Un poco más aquí, bajo la lozana protección del sicomoro, el Chino Soleras.

Se acercó (hagamos de cuenta) y en un dialecto que comprendiamos perfecto nos preguntó el nombre de la cátedra. ¡Coincidía! Entre Guemes, Artigas y Homero, cuatro extranjeros fuimos a dar. Lo que sigue es harto conocido. Cuando la universidad nos legó su clausura, o las patas apuntaban en dirección contraria, el Rulo se unió al convite, con su tempestad a cuestas, para luego perderse inexorablemente (con delantal incluido), detrás de melones, naranjas y algún que otro kiwi, allá, en Saavedra.

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No te podés quejar

“Al repartir fuiste a ligar, cartas que nadie te las va a poder sacar: el piano que repica y el mágico escobero y los coros murgueros que flor para cantar.”

El gran Zurdo Bessio. Candombe y tango o tango negro para los de esta orilla.